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Gerencia y contabilidad

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¿Debería prestarle más atención el gerente a la contabilidad?

Normalmente la contabilidad la gestiona un contable, la propia dirección o bien la delegamos en la asesoría o en la gestoría.

Tradicionalmente, la contabilidad se orienta al cumplimiento de las obligaciones fiscales y formales de las empresas (con socios, accionistas u otros terceros como bancos, etc). Cuando la empresa crece, en muchos casos se presta atención además a las herramientas contables que nutren la gestión y dirección del negocio, y en menos casos a la planificación eficaz de la fiscalidad a la que se enfrenta la empresa.

En una grandísima parte de los casos podemos encontrar, si buceamos en la contabilidad, que se usan indistintamente unas u otras cuentas buscando un resultado final pero sin tener en cuenta el cuadro y las definiciones de cuentas del plan general ni las relaciones contables, lo cual distorsiona la imagen real del negocio e interfiere en la inspección tributaria.

Una de las normas a tener en cuenta en la gestión contable es la ley general tributaria, que establece como infracción grave la utilización de cuentas con significado distinto del que les corresponda, según su naturaleza, o que dificulte la comprobación de la situación tributaria del obligado.

Es cierto que las sanciones no son grandes, entre 150€ y 6.000€ en general y que no es práctica habitual de la inspección este objeto. Sin embargo, el gerente o directivo debería ser consciente de que tener un buen asesoramiento no es solo comunicar el importe de la liquidación de impuestos, informar de que el negocio no va bien y hay que vender más o gastar menos.

Entre otras cosas debería tener la seguridad de que sus datos no están en cuentas con significados distintos a los que le corresponden, que se llevan sin retraso o con retraso menor a cuatro meses, que los datos que comprenden su contabilidad no dificultan el conocimiento de lo que ocurre en el negocio, que sus datos no incurren en inexactitud u omisión de operaciones, que sus libros han sido diligenciados por la administración competente en tiempo y forma, y un largo etcétera.

Normalmente damos por hecho que no incurrimos en estos casos pues la mayoría de las veces estamos en manos de terceros que entendemos que velan por el cumplimiento de estos criterios como buenos profesionales y que por eso les pagamos.

Y quizá, además de pensar esto deberíamos interesarnos por que así sea.

Aquí hay una gran diferencia entre los trabajos de unos y otros profesionales. Una diferencia que supone un verdadero valor añadido y que se echa de menos cuando ya no hay remedio.